Analizamos el impacto que ha causado el aislamiento en la salud mental y emocional de los estudiantes

Desde principios del mes de marzo del pasado 2020 estamos inmersos en una situación completamente nueva y desconocida para cualquiera de nosotros y por lo tanto, cualquier consejo para los estudiantes es bienvenido para encarar esta nueva realidad. El confinamiento, las restricciones de movilidad y libertad, y la normalidad como la habíamos conocido hasta aquel momento cambió, tocó encerrarse, por uno mismo y también por los demás. Algunos términos que hasta entonces solo conocíamos gracias a la ciencia-ficción se han convertido en nuestro día a día.

Llegó el punto en el que fue necesario deconstruirse, aceptar que nadie tenía el control y de tener que hacerlo lo mejor posible, entre todos, aprendiendo de los errores y mirando hacia adelante.

Como ya hemos expuesto, lo que tenía que ser un cierre de dos semanas se acabó convirtiendo en un escenario de restricciones constantes durante más de un año y la luz al final del túnel todavía no resulta del todo clara, ya que no se prevé un punto final para esta situación.

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Por ahora, toca seguir viviendo en una incertidumbre constante, procurando aprender, interiorizando, adaptándonos y cumpliendo las nuevas normas que aparecen cada pocas semanas. “Mal de muchos, consuelo de tontos”, dice el refrán, pero es una realidad que no afecta a todo el mundo de la misma forma.

Hay etapas de la vida que son esenciales para la formación de las personas y la adolescencia y la etapa de entrada a la edad adulta que transcurre entre el instituto, los colegios de formación no obligatoria y las universidades son un pilar fundamental en la construcción personal de cada individuo. De aquí la importancia de recoger consejos para los estudiantes con la intención de hacerles más llevadera esta situación que estamos viviendo.

Los jóvenes: un colectivo altamente vulnerable y sensible ante la exclusión social

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Cuando nos encontramos delante de estas situaciones nuevas, lo más importante es ser flexibles e innovadores para intentar adaptarnos y vivirlo de la mejor forma posible. De la mano de todas las crisis llegan oportunidades para renovar, reconstruir y repensar. Sin embargo, se necesita tiempo para entender esta situación.

Según datos oficiales de AROPE, la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social indica que la población vulnerable en España llega al 26% y, concretamente en mujeres llega al 27%.

En el caso de las adolescentes menores de 16 años crece hasta el 29% y en el de las jóvenes de entre 16 y 29 años llega al 37,2% de riesgo. La situación de vulnerabilidad en la que España se encuentra es más elevada que el promedio del resto de Europa.

Uno de los problemas principales es que la educación se ha visto interrumpida y las estructuras de protección de la infancia se han visto alteradas, ya que muchas familias pueden verse sometidas a importantes cargas en el ámbito sanitario o económico. Por este motivo existe un riesgo real sobre un aumento del abandono escolar prematuro y España lidera esta tasa dentro de la Unión Europea.

Sin embargo, las niñas, niños y jóvenes pueden experimentar mayores niveles de ansiedad, miedo y preocupación en la situación actual. El 2018, el 30% de los jóvenes reportó algún tipo de problema de salud mental. Especialmente las jóvenes, con un 33%, por encima del 23% reportado entre los jóvenes.

No obstante, los trastornos de la salud mental infantiles estudiados presentan una mayor incidencia en chicos excepto en los casos de depresión o ansiedad que son más comunes en chicas.

Consejos para los estudiantes: los principales riesgos que tienen que afrontar como jóvenes

Los principales riesgos a los que tienen que enfrentarse los adolescentes son aquellos relacionados con el aislamiento social, la presión de grupo en conductas de riesgo que aumentan el consumo de alcohol y drogas o el acoso a través de las redes sociales, entre muchos otros. Los entornos educativos son esenciales para combatir estas situaciones y para divulgar consejos para los estudiantes  que se encuentran en estas circunstancias.

En primer lugar, son espacios de inclusión social y socialización. Ofrecen protección y facilitan herramientas a los jóvenes con la finalidad de generar una imagen positiva de sí mismos mediante habilidades sociales y competencias para el desarrollo personal. Además, en estos espacios aparecen figuras de referencia motivadoras que pueden llegar a ser modelos positivos de crecimiento personal.

La salud emocional de las y los más jóvenes depende en gran medida de estos espacios, ya que les otorgan responsabilidad social y autonomía. En cambio, el adolescente que no se siente protagonista en cuanto a la interacción con su entorno está en riesgo de sufrir una fuerte crisis existencial. Finalmente, los espacios educativos ofrecen afecto y apoyo a las familias en riesgo de exclusión social y una oportunidad para los niños de estas familias.

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Damos la palabra a los jóvenes: ¿cómo lo están viviendo?

Algunos estudiantes quisieron compartir con nosotros su punto de vista sobre los efectos de la pandemia y como lo han vivido en primera persona.

  • Efectos personales. Cuando se les preguntó sobre si la pandemia había modificado sus gustos e intereses, casi un 80% respondió que sí. Sin embargo, un 52,3% admitió que durante este período han cambiado sus intereses y aficiones. Eso es, sin ningún tipo de duda, lo que mejor define esta generación: la capacidad de adaptarse para conocer y aprender, por difícil y desconocida que pueda parecer la situación.

  • Efectos en los estudios. En cuanto a los estudios, hasta un 46,1% acepta que ha visto disminuir su interés en la formación. Solo un 16,4% de los estudiantes explica que les han aumentado las ganas en este sentido.

    Sin embargo, casi un 60% no se ha planteado dejar o cambiar de estudios en esta situación y ha seguido con su día a día adaptándose a las condiciones y metodologías que, hasta aquel momento, eran nuevas y totalmente minoritarias.

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  • Efectos emocionales. Las restricciones propuestas por parte del Gobierno respondiendo a la realidad de la pandemia han tenido unos efectos directos en la salud emocional de los adolescentes. Un 49,2% ha admitido sentirse especialmente irritable desde el inicio de la crisis sanitaria mientras que un 46,1% ha detectado sentimientos de desespero.  Sin embargo, un 54% de los encuestados y encuestadas admite la aparición o el aumento de pensamientos tóxicos durante este último año.

    En relación con este dato, observamos que hay un 28% de universitarios y universitarias que han visto como se reducía su autoestima. A pesar de esto, hay un 13% que ha admitido que esta etapa les ha aumentado la autoestima. Muy probablemente eso tiene que ver con que han modificado sus aficiones durante la pandemia y han optado por seguir uno de los consejos para los jóvenes más extendidos: aprender y formarse en el marco de una mentalidad positiva y sana.

    A pesar de detectar este aumento de pensamientos tóxicos, un 54% no ha considerado la opción de pedir ayuda profesional. Este dato refleja que, hoy en día, todavía impera un estigma que hace que sea muy complicado dar el primer paso para pedir ayuda, ya que solo un 12% ha acudido a profesionales de la salud y tan solo un 36% se lo ha planteado.

  • Optimismo. A pesar de los datos que hemos extraído de las encuestas, al principio se les preguntó si eran optimistas con relación a su generación y más del 80% mantienen sus esperanzas latentes. Casi un 90% se siente optimista con el futuro que se les presenta en el horizonte.

Al fin y al cabo, no debemos olvidar que esta generación se ha criado a remolque de la crisis del 2008 desde que tienen uso de razón, se enfrenta a un 40% de paro juvenil y ha vivido una pandemia de alcance global que deja entrever una segunda crisis mundial en poco más de diez años.

Hace algunos años se criticaba a la juventud y a algunos se les apodó como “Ni-Nis”, concepto que se refería a que ni trabajaban ni estudiaban, en lugar de crear políticas que facilitasen la búsqueda de empleo de los más jóvenes.

¿Qué hemos aprendido de todo esto?

Si alguna cosa hemos aprendido de esta situación, es que debemos garantizar el derecho a la educación y asegurarnos que todos y todas las jóvenes tendrán acceso a esta oportunidad. Es responsabilidad de los educadores saber adaptarse, para seguir motivando y seguir siendo una figura de referencia para las nuevas generaciones.

Esta pandemia ha evidenciado, todavía más, el tabú social y la inmadurez existente en el ámbito de la salud mental en este país. España actualmente tiene la tasa de profesionales más baja por cada 100.000 habitantes de la Unión Europea, que es de 50 y nosotros estamos en 15,4. Países como Italia, Alemania o Francia tienen la media a 55,7, 144,9 y 173,6, respectivamente.

Jordi Blanch, director de Salud Mental y Adicciones de la Generalitat de Catalunya, advierte que la mejora de plantillas no empezará a ser una realidad hasta el 2023. Sin embargo, es necesaria una vinculación rápida y fluida desde las enfermeras hasta psicología clínica o psiquiatría para garantizar la salud emocional de la juventud. Ahora más que nunca, la salud emocional debe ser un derecho y no un privilegio.

Hace poco más de un año, cuando estallaba la crisis sanitaria causada por la COVID-19 ya se vaticinaba una crisis transversal que acabaría extendiéndose en el ámbito económico y social. Para salir de este callejón es imprescindible que todos los actores económicos, sociales y también las administraciones pongan su granito de arena para reconducir la situación. Desde Unihabit nos sentimos interpelados por el momento y ofrecemos lo mejor de nosotros a los universitarios y universitarias para garantizarles una estancia óptima y lo más normal posible en el contexto actual. Nos ponemos a disposición de los futuros universitarios para darles todos los consejos para los estudiantes  que acumulamos después de años de trayectoria en el sector. Podéis contactarnos al 935 953 953 o bien en info@unihabit.com.